LEVEL BEATS

Por: Jose Enrique Plata Manjarrés

Luego de las relamidísimas estrellas pop que por años se tomaron la radio y las revistas y los estantes y los estadios y hasta fueron modelos para nuestras hermanas, llegan mujeres que, a punto de expresiones auténticas y a prueba de cualquier lugar común, están construyendo una obra sólida, más consecuente con la música misma que con el supermarket. No hablamos de enlatados ni prefabricados. No hablamos de mujeres que se venden como un pedazo de carne. Hablamos de chicas engalanadas con belleza y talento que, poco a poco, y muy acorde con la vida artística del mundo 2.0, se vienen tomando las ondas sonoras de nuestras radios personales.

Comencemos con una propuesta que proviene del sur, pero que le apunta al norte. Bajo el nombre de No lo soporto, tenemos a tres chicas argentinas –Naila Borensztein (guitarra y voz), Lara Pedrosa (bajo y coros) y Lucía Borensztein (batería)– que, desde el 2005, refinan un catálogo de canciones fuertes, pero asimismo sutiles. Una mirada rockera, más no violenta o llena de clichés a lo mujer que llega a la música siendo la hembra dominante de la manada. Al contrario: No lo soporto es una divertida unión de dos hermanas y una amiga que combinan lo femenino, la fuerza y el humor, para hacer de la música un arma de combate. Este grupo tiene además el privilegio de haber salido elegido Banda Revelación del 2006 por el diario argentino Clarín, y de ganar el premio MTV Latinoamérica a la Banda Indie 2007. Dos discos de grato recuerdo –No lo soporto (2006) y Avión (2008)– y un sonido desenfadado, han hecho que hasta Gustavo Cerati sea uno de sus fans más consagrados. Si hay por ahí quien diga que el rock argentino está muerto, estas chicas demuestran lo contrario.

Si las nuevas generaciones tienen sus propias heroínas indie, el nombre Javiera Mena está directamente relacionado con esta posibilidad. Con tan solo un disco publicado en el 2006, Esquemas juveniles, la música de esta chilena trasciende las fórmulas del pop y la electrónica para convertirse en una expresión dulce, íntima, confesional. Su sonido, tan casero como delicado, casi artesanal, tiene como base al sintetizador, cierto aire a la balada latinoamericana de los setenta y ochenta, y a los sonidos del AM, una clara influencia en su sentir musical. Javiera, además, es una de las artistas que más ha sabido utilizar Internet para crecer, sirviéndose de herramientas como MySpace y Twitter para cultivar, por todo Hispanoamérica –en España fue invitada a compartir tarima con los Kings of Convenience–, una numerosísima base de fans. Su ansiado segundo disco –tercero, si contamos los tantos demos que pululan en la red– aparecerá en el 2010.

Si algo distingue a esta nueva sangre sonora femenina, es también la posibilidad de no limitar el sonido a sus posibilidades comerciales. Al contrario. Muchas mujeres, por ejemplo, revisan el pasado y la tradición, y recogen las semillas que allí fueron sembradas para explorar nuevas rutas creativas, huir de los lugares comunes, ir más allá. Hablamos de casos como el de la venezolana-colombiana Sol Okarina, definitivamente, una perfecta muestra de cómo las lecciones de una Björk fueron calando en estas tierras. Sus canciones, recogidas en su disco debut Sumergible, publicado este año en el sello Polen, son una recopilación de sonidos nativos que, en diálogo con otros procesos y texturas, se encuentran a medio camino entre el trip-hop y el folclor –una ruta que, de manera muy sutil, ya habían acariciado sus amigos de Aterciopelados–. Con este trabajo, pleno de luminosidad y referencias al agua, Sol Okarina ha venido llamando la atención dentro del ambiente musical colombiano, además, por ser también una muestra de cómo se pueden evadir caminos artificiales y efectistas, y más bien navegar botes más personales, más valientes, menos condescendientes con las promesas del mercado.

Siguiendo este recorrido, ¿cómo no mencionar a una bella hibridación musical que tiene por nombre Cucu Diamantes? ¿Cómo se hace para entender a esta cubana que nos hace gozar con hip hop, flamenco y música de cabaret en un solo paraguas creativo? Y es que, más que una obra musical, lo de Diamantes es un universo en sí mismo. Esta chica, que ya había brillado como parte del proyecto Yerbabuena, formado en Nueva York por el reconocidísimo productor venezolano Andrés Levin, ahora brilla con luz propia. Como solista, su música nos recuerda a aquellas mujeres cargadas de experiencia que, con desparpajo, nos hablan de sus vidas, como si las canciones no fueran solo canciones sino perlas, diamantes, confidentes, mejores amigas. En su mundo, pues, la músicales monólogo teatral. En su disco debut, Cuculand, la seducción llega por la vía del  
humor y la picardía.

No hay que olvidar a una de estas chicas que se juega la vida en cada movimiento. Si bien México nos la dio a conocer como actriz, se trata de una cantante llamada Ximena Sariñana: una mujer que ha venido de Guadalajara para darle al blues, al pop y al rock un carácter propio, ranchero, intenso. Con una poderosa voz, afinada por un enorme potencial dramático que se materializa en puro sentimiento, esta manita, fiel enamorada de Tracy Chapman y Paul Simon, nos endulza la existencia con un primer disco, lanzado en el 2008 bajo el nombre de Mediocre. Grabado entre Buenos Aires y Montevideo, y producido por Tweety González y Juan Campodónico, este trabajo no solo ha despertado los elogios de la crítica, sino que también se ha vendido bien en tiempos donde ya casi nadie compra música, lo cual no deja de ser un gran mérito –en su país natal ha vendido más de 50 mil copias–. Luego de su paso por Luz Clarita, María Isabel o Gotita de Amor, la dulce niña se quedó ya en el recuerdo. Hace rato que Ximena dejó de ser solo una promesa para convertirse en lo que nació para ser: la máxima expresión de su propio talento.

Creativamente hablando, Brasil tiene una artista que ya parece haberle, como dicen, “quedado pequeña” la grandeza musical de su país. Se trata de Cibelle. Una máquina de creatividad que nos remite a la convivencia del rock, el jazz, la electrónica y los sonidos nativos de su tierra, haciendo de cada disco –tiene dos, Cibelle (2003) y The Shine of Dried Electric Leaves (2006), y cuatro EP’s–una experiencia delirante y camaleónica a la que poca justicia le hace cualquier calificativo genérico, desde “tropical punk” hasta “electro-acoustic folk-pop”, pasando por “pop experimental”. Lo suyo, pues, es una artesanía que, en vivo, trasciende el sonido para convertirse en un performance multimedia único donde lo no convencional es regla: video experimental, versiones libres, músicos invitados y una puesta en escena teatral, hacen de Cibelle, quien además ha colaborado con artistas como Devendra Banhart, Seu Jorge, Cocorosie, Rio y Gilberto Gil, una propuesta artística inspiradora. Sin precedentes. Y sin igual.

Virtual Mag

Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner